Miguel Delibes Setién muere con 89 años.  

(Valladolid, 17 de octubre de 1920 – Valladolid, 12 de Marzo de 2010).

Miguel Delibes vuelve a rescatar en esta novela por la forma de narrar, a su anterior libro publicado en 1966 titulado “Cinco horas con Mario”. En esta novela el discurso en solitario de la viuda con la única presencia del cadáver de su marido prematuramente fallecido a través de los recuerdos, tiene la misma semejanza que esta otra novela que lleva por título “Señora de rojo sobre fondo gris”, aunque el matiz de comunicación es distinto, puesto que con la anterior novela existe una falta de comunicación entre el matrimonio, contextualizado con su época, y sin embargo en esta otra historia, instaura la complicidad entre los personajes que llega hacerse palpable. La forma con la que narra la historia en “Señora de rojo sobre fondo gris”, puede hacer pensar que es un libro autobiográfico, por la sencilla razón de que a Miguel Delibes se le murió su mujer Ángeles de Castro, precisamente el 22 de Noviembre de 1974 a la edad de cincuenta años. Aunque la novela está ambientada un año después de esta circunstancia personal, es más que probable que lo adaptase a esa fecha para hacerla coincidir con la muerte de Franco, además se da la paradoja que Delibes fue caricaturista en el periódico “El Norte de Castilla”.

El personaje, un prestigioso pintor con una profunda crisis de creatividad, habla en primera persona subjetiva cuando cuenta la vida de su mujer y se convierte en tercera persona cuando cuenta aspectos de su mujer donde él no tiene nada que ver, y todo ello con una profunda belleza íntima que va transmitiéndole a su hija.

La importancia que tiene la historia con la belleza viene dada por Ana, que contagia de ese entusiasmo por lo bello, a todos los personajes que la rodean. El tumor cerebral que la acabará matando se va propagando poco a poco en cada capítulo, a la vez que su frenética laboriosidad se va disminuyendo, en contraste con su marido que ve como su actividad creativa se va mermando.

Creyendo que su escasez creativa no se debía a ella, y con la metáfora adoptada en relación a la creación definida con la llegada de los ángeles, éste, se lo confiesa apuntando como motivo la enfermedad de ella y expresado en la frase que dice: “Desde que enfermaste…”

El relato se centra en tres acontecimientos fundamentales: la detención de su hija y su yerno por motivos políticos, concretamente por estar en desacuerdo con el Proceso 1001 que era un juicio contra dirigentes sindicales clandestinos y las sucesivas visitas a la prisión de Carabanchel. Esto provoca en el personaje que relata la historia, un miedo a la tortura del régimen franquista. Otro suceso, la falta de creatividad para pintar cuadros y la última eventualidad, la enfermedad y posterior muerte de su mujer con cuarenta y ocho años de edad.

El nombre del libro es el título que le da García Elvira, pintor de ochenta y seis años que tratará de seducirla y por el que Ana siente una especial simpatía tras haberse quedado viudo. Será en una exposición en Madrid donde lo exhibirá por primera vez en público. Es entonces cuando afloran los celos y la envidia por no haber sido Nicolás quien la hubiese pintado. La composición del rojo como muestra de alegría y belleza sobre una mancha gris azulada y oscura simbolizando lo cotidiano y el desazón de la enfermedad.

La belleza la describe muy bien en esta frase cuando dice: “…descubría la belleza en las cosas más precarias y aparentemente inanes. Y donde no existía, era capaz de crearla rompiendo con los valores establecidos, asumiendo todos los riesgos.”

Tenía un conocimiento inmediato de las personas, como un modo simple, natural y sin aprendizaje, que con facilidad accedía al interior de cada una de esas personas, como si consiguiese abrir la urna de lo más intimo, penetrando en sus ojos, en sus palabras, obteniendo así la transparencia del individuo: “Veía más allá que el común de los mortales. Tenía el ojo enseñado a mirar; nació con esta intuición selectiva.”

Enamoramiento idealizado que adquiere importancia tras el fallecimiento de Ana, exaltando todas las cualidades que aunque intuidas, adquieren su verdadera dimensión. Dichas cualidades eran percibidas además por todas las personas más cercanas a ella.

La  facilidad de comunicación que demuestra tener Ana es más patente si cabe, en la relación que mantiene con sus hijos y nietos en los momentos en que son más vulnerables: la primera infancia y la adolescencia. La ausencia de Ana provoca en Nicolás una angustia, un enfrentamiento al mundo real desde la obtenida soledad que no llega admitir: “No podía imaginarla pasiva, ausente, sin palabras. Ahora deploro no haberlo hecho, no haberla acariciado sus mejillas todavía tibias. ¿Cómo podía nadie estar con ella si ella ya no estaba?”

Con la frase: “Las mujeres como Ana no tienen derecho a envejecer”. Elabora una descripción frívola con respecto a la difunta, especulando sobre su muerte que parece entusiasmar a todo el mundo. Prefieren recordarla, delgada, todavía joven y hermosa, a tenerla viva y envejeciendo junto a Nicolás, tal y como lo habían soñado juntos.

Un Final Alternativo: Esa noche no pude pegar ojo, creí que todo había sido un mal sueño y nada más despertar estaría ella a mi lado, pero no fue así. En los días sucesivos la tristeza se apoderó de mi alma, no podía dejar de pensar en que ya no estaba, y tres noches después de haberla enterrado, se me apareció en sueños y me pidió que pintase por ella. Así fue, durante siete días no dejé de pintar, como si una mano guiase el pincel las manchas se sucedían, tan sólo paraba a descansar. Durante esos días quizá dormía unas tres horas al día y apenas paraba para comer, nadie me hizo una visita durante esos días, tampoco lo necesitaba pues en cada cuadro que pintaba había un pedacito de Ana, y eso me entusiasmaba, con el último cuadro recompuse la última pieza que faltaba de su cuerpo y cansado me senté en la silla y cerré los ojos, una luz blanca casi cegadora me los abrió de nuevo y allí junto a mis cuadros estaba ella, sonriente, esperando a que me levantase de la silla para abrazarla.

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