Llevaba ya un tiempo, que la llave de mi buzón le costaba abrir su cerradura y después de varios intentos por fin conseguía que aquella cancelita de chapada se abriera para poder hurgar en su interior. Habían varias cartas y ojeándolas todas una me llamó muchísimo la atención, no existía por ningún lado el remite. Pensé que podría ser esa carta publicitaria en la que te venden alguna cosa, o te dicen lo que deberías de hacer pero por más que miraba el sobre de arriba abajo y de abajo arriba, no había ningún logotipo de empresa, ni una marca que me pudiese orientar para a sospechar el autor de a misma.

Apreté el botón del ascensor a la vez que rasgaba la parte superior el sobre para sacar la hoja de su interior, cuando llegó el ascensor abrí la puerta y me introduje dentro y apreté el número 5 y así aprovechaba la subida para comenzar su lectura que estaba escrita con las teclas de una máquina de escribir tal vez podría ser de una olivetti.

“Cuando leas esta carta entenderás porque vamos a suicidarnos…” , un hedor recorrió todo mi cuerpo, los pelos de mis brazos y piernas se erizaron, aquellas primeras letras eran escalofriantes, mi ascensor paró en mi planta y abrí la puerta metálica y me detuve en el portal de mi casa con la intriga de saber quien iba a morir…

“…saber que has estado junto a nosotras y derivamos de lo que tú eres…”, ¿de lo qué soy yo?, no entendía a que se refería y continué leyendo “…tal vez te estemos confesando nuestro suicidio porque cada vez te preocupas menos de nosotras…”, no entendía aquella carta y empecé a hacer memoria de todas las chicas con la que me había acostado y estado, pero no me vino ninguna que me pudiese gastar aquella broma, “…lo que realmente lees son las últimas letras, una forma de remover tu conciencia a este manifiesto. Si por casualidad fumas, enciéndete un cigarro y hasta que no se te consuma del todo no le des la vuelta a esta carta para que no te resulte violento lo que puedas presenciar, y si ya no fumas, espera unos veinte minutos y pausadamente le das la vuelta a esta misiva que estás leyendo ahora.”

La curiosidad hizo que le diese la vuelta en ese mismo instante pero detrás no había nada escrito. La carta evidentemente debía de ser una inocentada, no había una firma ni un nombre. Mientras abría la puerta de mi casa curioseaba la carta por delante y por detrás sin encontrarle sentido aquello, ni siquiera podía imaginar quien me había mandado aquella carta tan inquietante o de tan mal gusto. La dejé encima del recibidor y me fui a dar una ducha y ponerme ropa cómoda, después cogí la carta del recibidor mirando sus letras, supuse que habría pasado más de media hora o un poco más, le volví a dar la vuelta pero seguía sin haber nada escrito y cuando quise volver a leerla, la hoja estaba en blanco completamente, me senté en el sofá del salón a reflexionar sobre aquella carta si encontrar explicación a cómo había podido quedarse en blanco, recordé que años atrás había sido un buen lector y devoraba libros a diario y ahora eran sus letras quienes intentaban llamar mi atención, pues junto a mi había un libro abierto por una de sus paginas y aleatoriamente remarcadas en negrita para que destacase sobre las demás letras podía leerse: “No nos abandones y regresa a nuestros mundos que también son los tuyos, por que así volveremos a sentir esa complicidad que nos llena de vida existiendo en el recuerdo de nuestras historias”.

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