Cuando Samuel Fragüer estaba en su despacho del hospital del NewYork-Presbyterian de la ciudad de Nueva York estudiando un caso clínico, mientras tenía el ordenador encendido recibió un email de su amigo José Luís Garrido. Samuel y José Luís eran ambos médicos especialistas en oncología, se conocieron en un congreso celebrado en Londres y cuyo tema principal era los nuevos avances contra la lucha del cáncer.
José Luís era médico jefe de la unidad de oncología del Hospital Universitario de Navarra en Pamplona. En el email le hablaba de la piel de una lagartija descatalogada que precisamente vivía en el desierto del Sahara.
Para Samuel era desconcertante leer como su amigo le contaba que por casualidad encontró anotaciones de un biólogo Francés que escribió en una libreta a modo de diario antes de que muriese en un hostal de Casablanca en extrañas circunstancias. Al cuaderno le faltaban varias páginas y lo había conseguido un amigo de José Luís en el mercado negro. También le describía que dicho biólogo había encontrado una lagartija del tamaño de un pulgar que como autodefensa cuando se sentía atacada segregaba una especie de agua de un color verde claro que en cuestión de segundos se convertían en verrugas siendo tóxicas para quien se las intentase comer, no produciendo la muerte de manera inmediata, pero sí en cuestión de unos días. Las verrugas de la piel de esta lagartija las conseguía eliminar un día más tarde con la misma sustancia que las hace aparecer pero en esta ocasión se percibe una aroma pestilente.
Aunque para ir al Sahara se había convertido en un viaje peligroso. Según la teoría de José Luís, las hojas que le faltaban al diario podría ser que fuese una especie de localización para encontrar esta especie de lagartija, desconocida por el se humano. La teoría la había extraído al buscar información sobre el biólogo y casualmente averiguar que tenía un libro publicado sobre una especie de insecto que encontró en América del Sur y que de cuya ubicación lo situaba a través de un plano.
Samuel cogió el teléfono y marcó el número de José Luís, que a pesar de que en Estados Unidos era temprano, en España ya debía de ser muy de noche pero la diferencia horaria era lo que menos importaba ahora, quería saber donde localizar esa especie de lagartija porque sería más que probable que esa sustancia que desprende podría ser la cura contra el cáncer, pero para ello necesitaba un ejemplar de lagartija e investigarlo. Cuando ya llevaban horas hablando del tema e imaginando que tal vez habían encontrado la cura definitiva a una enfermedad mortal, irrumpieron unos desconocidos en la casa de José Luís, y al otro lado de la línea se escuchaban voces, apenas se escuchó a José Luís que llamaría a la Policía cuando se interrumpió la llamada, y aunque Samuel intentó llamar a José Luís lo único que se podía escuchar al otro lado de la línea el pitido de comunicando.
Samuel insistió días más tarde hasta que por fin las únicas noticias que tuvo de José Luís fue que había desaparecido. También le informaron que la cerradura del despacho de su amigo en el Hospital había sido forzada, algo muy extraño para alguien que no estaba involucrado en política ni siquiera era un espía que él supiese.
Era como si alguien no quisiera que se investigase el hallazgo, pensó que podría estar algún laboratorio farmacológico detrás de este descubrimiento, y por ello había secuestrado a su amigo, pero aquella idea no le encajaba en su hipótesis, pues un laboratorio no se metería en algo así, y más secuestrando a un médico.
¿Qué era lo que ocultaba la lagartija del Sahara?, y ¿por qué de la noche a la mañana había desaparecido su amigo español?
Si quieres proponer un final a esta historia puedes escribir tu comentario y quizás salga una historia increíble.

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