Después del invierno sin apenas pisar la playa, y ahora que empieza hacer buen tiempo apetece aprovecharla hasta el próximo invierno. Poder pisar cada porción de la granulada arena de esa inmensa alfombra amarilla que acaricia la mano del mar (playas cercanas a nuestra geografía española), pero lamentablemente mis ojos quedaron perplejos pues se veía en esa playa mediterránea a la que acostumbro ir de la costa Alicantina, un cuerpo de hierro semienterrado, una lata desteñida por el tiempo y pintarrajeada de rojo y letras blancas, y en cada borde plateado unas manchas de óxido que hurga de vez en cuando la casi inexistente lluvia para dejar un poso de corrosiva sangre insatisfecha. Frente a la playa se alzan enfermos unos pinos, donde se alojan residuos de todo tipo y unos insectos ocupas que conviven sin molestarse a malas penas, parásitos del lugar. Esos bichos son: la Carcoma que se introduce en el intestino del pino vaciando su esqueleto y cuando ya no hay huesos que roer desaloja ese pino para ir a uno que este más sano; después está la Procesionaria que se aloja entre sus puntiagudas hojas dañándolas; y por último se encuentra la peor especie de todas, el ser humano o también conocido como, el dominguero chapucero. Este último depredador, deja sus desperdicios en esos días de picnic improvisado, donde las colillas o el escurrido aceite de la lata de atún al suelo brozado, nos dan una seria muestra de como es esta especie que parece que todo le da igual y como organismo vago, incapaz de que su mente busque un contenedor o casi una inusual e improbable papelera porque el descuido de que apenas hayan dichos recipientes a su alrededor no le eximen de su culpa y es mas que probable que nos encontremos algún ser humano que recoja su propia basura pero sigue estando el iris impasivo de ver que esta todo sucio y no piensa hacer nada pues este ser, es de los que piensan que no va a recoger la basura de nadie (pobre insensato). Pero los responsables del paisaje otro espécimen destructor que deja que el contencioso muro de vida, valla muriendo poco a poco, para ubicar otro muro agresivo de color rojizo que se instalará en su lugar. Muy pronto la pinada será un mero recuerdo del pasado, una foto en blanco y negro de lo que hubo allí, un trocito de pulmón hecho añicos, pero que más da, pues cada año seguirá desapareciendo ese bosque de tinte mediterráneo al igual que se desvanecerán mis letras que un día son leídas por alguien y al otro día son olvidadas.

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